El avión aterrizó con suavidad, pero el corazón de Julie iba como si hubiera chocado contra la pista. No había dormido nada. O tal vez sí, pero mal, incómoda… sobre todo cuando él se movía y su brazo la rozaba “accidentalmente”. Todo el vuelo había sido un tira y afloja silencioso, una guerra sin balas pero con muchos suspiros tragados.
Cuando cruzaron migración, el aire de Milán los envolvió como una promesa. El sol brillaba, pero no quemaba. La ciudad era un cuadro: calles adoquinadas, arquit