Leonardo pasó cada uno de los controles sin decir una palabra de más. Su nombre abría puertas, pero su mirada era la que realmente apartaba a cualquiera que intentara detenerlo.
Los guardias revisaron documentos, sellaron autorizaciones, cruzaron miradas incómodas antes de permitirle avanzar por los pasillos grises de la cárcel de mujeres.
El aire allí era espeso, cargado de murmullos apagados y pasos que resonaban como advertencias. Martin caminó a su lado hasta la última puerta permitida, l