Leonardo cerró los ojos un instante, conteniendo la furia. Cuando habló, su voz salió baja, helada.
—Suéltame.
Pero Olivia no lo hizo. Al contrario, apretó más, como si tuviera miedo de que él huyera detrás de Ariana… y quizás sí lo tenía. Su rostro cambió en cuestión de segundos: los ojos rodaron hacia arriba, el cuerpo se aflojó, y de pronto cayó hacia atrás como si hubiera perdido el conocimiento.
—¡Olivia! —Leonardo la sostuvo por inercia, atrapándola antes de que su cuerpo chocara contra el suelo.
Por un instante, su mente gritó que todo era una farsa… pero aun así, la sostuvo. Aun así, la levantó. Aun así, se obligó a volver sobre sus pasos, alejándose de la puerta por donde Ariana había salido hacía apenas segundos.
Ariana…
Mi vida…
Mi hijo…
El dolor en su pecho era tan agudo que por un momento creyó que también él se desmayaría. Pero no podía caer. No todavía.
Levantó el cuerpo de Olivia en brazos, rígido por la tensión, y se dirigió hacia las escaleras. Martin llegó corriendo