Leonardo cerró los ojos un instante, conteniendo la furia. Cuando habló, su voz salió baja, helada.
—Suéltame.
Pero Olivia no lo hizo. Al contrario, apretó más, como si tuviera miedo de que él huyera detrás de Ariana… y quizás sí lo tenía. Su rostro cambió en cuestión de segundos: los ojos rodaron hacia arriba, el cuerpo se aflojó, y de pronto cayó hacia atrás como si hubiera perdido el conocimiento.
—¡Olivia! —Leonardo la sostuvo por inercia, atrapándola antes de que su cuerpo chocara contra e