Emma se movió nuevamente con una gracia felina, rodeando a Alberto con una sonrisa coqueta en sus labios.
Alberto, incapaz de contenerse por más tiempo, la tomó con firmeza por la cintura. Y con un movimiento brusco la llevó hasta el sillón de terciopelo rojo centro de la habitación.
La depositó con delicadeza, pero su beso fue todo lo contrario: apasionado, urgente, hambriento. Sus labios en busca de un duelo de lenguas y dientes, explorando y saboreando cada rincón de la boca de Emma, quien jadeaba deliberadamente.
Emma con gran agilidad, desabrochó el cierre de los pantalones de Alberto, liberando su miembro erecto.
Alberto gimió cuando ella lo tomó en su mano, acariciándolo con movimientos firmes y deliberados, sus dedos deslizándose sobre la piel sensible.
Emma, sin apartar la mirada de sus ojos, se inclinó hacia delante y lo llevó a su boca, saboreando cada centímetro de él.
Alberto echó la cabeza hacia atrás, dejando escapar un gemido gutural de sus labios mientras ella l