«Ese es el problema del amor cuando no eres amado», pensó Bryce
—¡Yo te amo, Marbella! Sé que tú me amarías, pero este infeliz, traidor está enloqueciendo tu mente, ¿olvidaste lo que te hizo en el pasado? Cuando te acusaron, él no creyó en ti, ¡yo creí en ti, Marbella! ¿Es así como me pagas? —exclamó Bryce
Marbella tenía ojos llorosos.
—Vete ya, Bryce.
—¡Lárgate! —bramó Lugh
Los guardias se acercaron, al final Bryce se fue, lanzó una última mirada severa contra Marbella, luego encendió el