—¡Cállate, Bryce! No te metas en asuntos que no te importan.
Bryce enfrentó a Lugh.
—¡Todos los asuntos de Marbella son asuntos míos!
Lugh lo tomó del cuello de la camisa.
—¿Ah sí? ¿Desde cuándo? Contéstame, ¿o es un asunto de tu mente fantasiosa? ¡Entiende, hombre! ¡Marbella nunca te va a amar! ¿Qué haces con Cordelia?
Bryce se quedó sin palabras.
—¡Ya basta, Bryce! Déjanos en paz, sé lo que hago, puedo defenderme por mí misma.
—¿Sí? ¿Así como cuando este infeliz te quiso matar y tuviste