Capítulo cincuenta y tres. No sueltes mi mano
«Espera y verás»
Aquella promesa lejos de disgustar a Hasan, le hizo sentirse fascinado. Sienna no era una mujer que se fuera por las ramas. Ni siquiera se molestó en ser cuidadosa para decirle que eran esposos. ¡Incluso ella quería golpearlo! Y él debía estar muy loco para sentirse irremediablemente atraído por ella.
—¿Siempre eres así? —preguntó.
—¿Así cómo? —cuestionó Sienna achicando los ojos.
—Tan directa.
—En la mayoría de veces —respondió con simpleza.
Hasan asintió, se alejó de ella par