Capítulo cincuenta y dos. Espera y verás
—Te he preguntado si nos conocemos —habló Hasan, tratando de controlar su dolor de cabeza, aunque eso parecía ser misión imposible.
Hasan sentía que la cabeza iba a partírsele en dos, sentía los latidos como si fuera un corazón y la mujer delante de él no ayudaba. Lo miraba como si fuera un demente que no fuera capaz de recordarla.
El Emir se fijó mejor en ella, cabellos rubios y un vientre bastante abultado. Por un momento pensó que quizá ella era la mujer que él estaba buscando, sin embargo,