Capítulo ciento treinta y ocho. Prueba condenatoria
Un silencio absoluto se adueñó del salón, mientras Anisa pensaba que era todo lo que ella necesitaba, hacerles dudar de la palabra de Jahir. Darles todos los argumentos para que las pruebas en contra de su marido no fueran condenatorias y obligarlo a desistir de su demanda.
—La sábana manchada con sangre…, jamás sería una prueba condenatoria. Pudo haber sido manchada con la sangre de cualquier animal. No es la primera vez que nos enfrentamos a una situación parecida, tampoco será la primera vez