—¿A dónde vamos?
Hice la pregunta cuando llevábamos quince minutos paseando en círculos. No era una experta ubicándome, pero ya habíamos pasado el mismo edificio tres veces.
Debí suponer que sería ignorada, pues Anuar siguió tecleando en su teléfono. Me crucé de hombros y miré por la ventana. Vi mujeres en vestidos espectaculares, hombres de todas las edades, unos muy atractivos. Los jóvenes reían, divertidos, algunos conducían orgullosos sus carros deportivos y añoré lo que tanto deseaba: Libe