—¡¿Qué hiciste, Ruby?!
La mujer soltó aquel cenicero, lo hizo añicos en el suelo, temblaba de miedo y cayó de rodillas.
—¡No sé por qué lo hice! Tengo mucho miedo, fue un accidente, ¡Ayúdame, Bill, no me dejes ir a prisión!
Bill se acercó con lentitud a Hannah, movió su cuerpo, lo giró, y vio esos ojos tan abiertos, sin brillo, sin vida.
El hombre retrocedió asustado.
—¡Dios mío! ¡¿Qué has hecho?! ¡Ella está muerta!
Ruby Lang comenzó a chillar sin control.
—¡Yo no quería…! ¡Fue un impulso