Emerson bebía en su despacho, tenía ojos rojos, y un semblante derrotado.
Hank entró ahí y lo observó.
—¿Estás bien?
—Quiere el divorcio —dijo con una voz débil—. Mi Anya quiere el divorcio, quiere dejarme.
Bebió todo su vaso de whisky, Hank se acercó a èl.
—Bueno, la has dejado abandonada a medio camino, ¿Qué esperabas?
—No quería hacerlo, pensé que el bebé moriría.
—¿Y si no es tuyo, Emerson?
Él arrugó el ceño.
—Es mi hijo, y si no lo fuera, mataré a Bianca con mis propias manos.
Ha