Una semana después.
Abigail y Denver volvieron a Chicago.
Faltaba solo un día para la boda. Ella dormía en su lado de la cama, cuando escuchó unos balbuceos.
Mirò a Denver del otro lado, su rostro estaba empapado en sudor, parecía tener una cruel pesadilla.
«Denver soñaba con aquel día en el altar, Abigail no llegó. Denver se desmoronó»
Sintió unas suaves manos, y escuchó una voz, cuando abrió los ojos, observó a Abby ante èl, con su perfecta sonrisa blanca.
—¿Qué me pasó?
Ella sonriò.
—Tuviste