Anya mirò al hombre con rabia.
—¿Aún piensas en ella? —exclamó
Emerson dio un paso atrás.
—¡Anya, yo… no quise mencionarla!
Anya hundió la mirada, dio la vuelta, se alejó de èl.
Emerson lanzó un suspiro, estaba desesperado.
Se vistió con su pijama, y fue con ella, la encontró recostada en la cama.
Emerson se metió en la cama, justo a su lado, pero ella estaba hecha un ovillo, alejada de èl.
Emerson escuchó su llanto ligero, la había lastimado, ahora no sabía cómo consolarla.
«Anya, por