Dennis y Anya se alejaron, ella mirò a Emerson.
—¡Emerson, yo no te engañé! Díselo, por favor, Dennis.
Èl la observó, detestó ver que seguía detrás de ese hombre, mirò a Emerson.
—Es cierto, ¿Cómo has podido ser tan idiota y pensar que alguien como Anya, tan pura y leal, podría engañarte? ¡Ella es inocente! Estuve ahí, gracias a mí ese tipejo no logró abusar de ella, fui yo quien lo detuvo.
Emerson se quedó perplejo.
—¡¿Tú?! ¿Y qué hacías con mi esposa?
—¿De verdad es lo que preguntarás? ¡