La noche cayó con una suavidad engañosa. Afuera, el viento rozaba los árboles con ese murmullo constante que solía calmarme. Pero esta vez, no. Esta vez, me revolvía por dentro.
Carolina estaba más callada que de costumbre. Se despidió de Diana con dulzura a Elija le dio un beso en la frente, acarició su cabecita … y luego se fue directo a la habitación sin decirme mucho. Solo un "buenas noches", suave, neutro, como si nuestras palabras hubieran perdido el calor.
La seguí minutos después, con e