La mañana era fría y silenciosa .
El cielo encapotado cubría la mansión con un manto gris, y el aire olía a tierra mojada.
Adentro, todo parecía estar en pausa: Diana dormía profundamente en su habitación, y Carolina seguía inmóvil, conectada a la máquina que velaba por su vida.
Axel salió del cuarto donde había pasado la noche en vela, vigilándola.
Sus pasos lo llevaron por el largo pasillo hasta uno de los salones laterales, donde sabía que encontraría a Darren.
Efectivamente, allí estaba.
Se