La puerta se abrió, Enrique corrió a su encuentro, se miraron fijamente, ella desvió la mirada y caminó hacia las escaleras. Él se apresuró a detenerla, le dolía su inferencia, comenzaba a desesperarse ante su negativa a conversar.
—¿Dónde estuviste?
—Con Rosalía, lo sabías.
—¿Solo ella?
—Comí con Gabriel, ¿algún problema?
—¿A caso quieres dejarme en ridículo? ¿Otra vez Gabriel? ¿Tenías que ir a su casa?
Se arrepintió enseguida porque se dejaba en evidencia.
Lucia se detuvo, bajó los dos escalon