Lucia apretó la mano de Gabriel, aún no despertaba, sin embargo, dejaron que lo viera, Enrique se mantenía a su lado.
—Ya está fuera de peligro, dijo Rosa.
Enrique se quedó mirándola de forma fija, apretó la otra mano de Lucia, quien volvió a verlo y le sonrió.
—Gracias por esto, gracias por acompañarme.
Él la besó en la mejilla.
—Mi amor, nunca te dejaría sola.
Rosa alzó la vista y le sonrió a Enrique, se limpiaba unas lágrimas.
—Rosa, puede venir un momento, por favor —le pidió para conversar