Después de bañarse, Lucia se sentó a comer en la habitación de hotel con Enrique, quien seguía inquieto por el descubrimiento del paradero de su padrino y padre de su esposa. No había forma de que Rosa, su esposa, estuviera involucrada.
—¿Has sabido de tu padre?
—No, Rosa me dice que está de viaje por negocios.
—¿Eso te dijo?
—Sí, es que no he logrado hablar con él, ella me dice que le llama una vez a la semana que no hay mucha señal dónde está.
—Ah, ya veo. Supongo que sí está bien entonces.
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