La sala era amplia, Enrique estaba sentado junto al presidente del partido absorto en sus pensamientos, hacía una semana que había vuelto a la oficina, ya habían pasado más de quince días desde que Lucia le habló por última vez con más de dos frases, aunque fuera discutiendo, desde ese día ella no le dirigió una palabra más allá de las necesarias.
Estaba pasando por una ruptura sin que nadie pudiera comprenderlo, porque su esposa estaba a su lado y esperando un hijo.
—Enrique, ¿estás de acuerdo?