Enrique no quería salir de la cama, ducharse o ir al trabajo, estaba en medio de una crisis y era el peor momento para echarse a lamentar la situación, pero continuaba atormentado por lo lejos que dejó llegar los rumores y difamaciones.
Marcela tocó la puerta de su habitación gritando su nombre.
—¡Por favor! Hay trabajo que hacer.
Ella abrió la puerta, él alzó la vista y bajó la mirada de nuevo.
—Hoy no, hoy quiero descansar.
Sería padre y estaba en la peor situación que pudo imaginar con Lucia.