Lucia bajó de un imponente auto de lujo y caminó hacia su casa, la casa en la que creció, pero que desde que se casó no visitó más porque estaba llena de mala vibra, negatividad, toxicidad, envidia, mala voluntad.
—Señorita, bueno, señora —dijo una de las empleadas, Lucia la besó en la mejilla y le sonrió con amabilidad, esas eran las únicas personas que siempre la trataron bien en esa casa.
—¿Cómo está todo? Quiero ver a Rosa.
—Está en el patio exterior trasero tomando sol.
—¿Y mi padre?
—Sigue