Tres días después.
Lucia despertó muy temprano y saltó de la cama, corrió hacia la cocina, allí estaba Gabriel preparando café, con su computadora abierta trabajando. Le sonrió al verla.
—Buenos días, Gabriel, creo que es hora de irme, no sé a dónde, pero debo irme.
—No seas boba, ¿Qué dices? ¿Qué soñaste?
—Llevo tres días aquí, la visita comienza a estorbar después de un tiempo y no es justo que te meta en medio.
—Sí, es molesto que Enrique me llame día sí y día también, a toda hora, pero tú no