Un año y medio después...
Lucia bajó del avión y la esperaba un auto que la llevaría al hotel donde daría la conferencia y se encontraría con las mujeres afectadas por violencia doméstica. Sacudió su cabello y ajustó su traje de lino.
—Bienvenida, señora Aristegui.
—Gracias, Claudia, ¿está listo todo?
—Sí, podrá reunirse después con las víctimas.
—Perfecto —respondió contenta, miró por la ventana de camino al hotel, amaba su vida, su labor, a su esposo, lo que hacían como pareja: él como alcalde