El amanecer en Inglaterra llegó de manera silenciosa, casi imperceptible, como si el mundo dudara en irrumpir en la calma que había envuelto la noche anterior, los primeros rayos de luz se filtraron entre las cortinas, dibujando líneas suaves sobre las paredes y sobre los cuerpos que descansaban aún entrelazados.
Jeremy despertó lentamente.
No fue un despertar brusco, ni agitado, sino uno pesado, denso, como si su mente aún estuviera atrapada entre el descanso y todo lo que lo esperaba al abrir