La noche había caído sobre Inglaterra con una serenidad engañosa, el cielo oscuro apenas iluminado por algunas estrellas dispersas, el aire fresco deslizándose entre los jardines perfectamente cuidados de la residencia, todo parecía en calma… demasiado en calma… como si el mundo estuviera conteniendo la respiración antes de lo inevitable.
Las luces interiores estaban encendidas, cálidas, suaves, contrastando con la oscuridad exterior.
Diana se encontraba en la sala, de pie junto a la ventana, o