Diana cerró la puerta con cuidado, como si el simple sonido del pestillo pudiera delatar todo lo que acababa de ocurrir en el jardín. Apoyó la espalda contra la madera y soltó el aire lentamente, pero no fue alivio lo que sintió, sino un cosquilleo persistente que comenzaba en la base de su cuello y descendía con traición por su columna. Se llevó los dedos a los labios sin darse cuenta, rozándolos apenas, como si aún pudiera sentir el eco del beso de Jeremy, firme y breve, pero cargado de una i