El amanecer llegó a la Villa Ambrosetti con una calma engañosa.
La luz dorada se filtró lentamente a través de los ventanales, bañando los pasillos con una serenidad que contrastaba violentamente con la tormenta silenciosa que existía dentro de Jeremy Ambrosetti. Él no había dormido.
No realmente.
Había pasado la mayor parte de la noche sentado en el borde de su cama, con los codos apoyados en sus rodillas, observando el suelo como si allí estuviera escrita una respuesta que aún no lograba d