El amanecer llegó en silencio. La luz del sol se filtró lentamente por las cortinas, tiñendo las habitaciones de un tono suave, casi engañosamente tranquilo.
Pero aquella calma. No existía realmente. En la residencia donde Diana se hospedaba, ella ya estaba despierta, no había dormido demasiado. Su mente había estado inquieta. Agitada. Los recuerdos de la noche con su esposo aún estaban frescos, demasiado, el calor de Jeremy, sus palabras, su mirada, la intensidad de sus acciones íntimas y por