Luxemburgo los recibió con la serenidad que ambos necesitaban.
Lejos de Inglaterra.
Lejos de los recuerdos.
Lejos de las guerras.
Lejos de los fantasmas.
Por primera vez en muchos años, Jeremy sintió que podía respirar.
No porque los problemas hubieran desaparecido.
No porque el pasado hubiera dejado de existir.
Sino porque finalmente comprendió que algunas heridas no sanan cuando se obtiene justicia.
Sanan cuando se encuentra paz.
Y esa paz tenía nombre.
Diana.
La nueva residencia estaba ubica