Tres años podían parecer poco tiempo.
Pero para Diana Ambrosetti habían significado una vida entera.
Tres años atrás había llegado a Luxemburgo con el corazón lleno de cicatrices.
Con pérdidas imposibles de olvidar.
Con recuerdos que todavía dolían.
Y también con sueños que apenas comenzaban a tomar forma.
Ahora, tres años después, aquellos sueños se habían convertido en realidad.
El amanecer cubría Luxemburgo con una suave luz dorada cuando Diana abrió los ojos.
La habitación permanecía en sil