La mañana siguiente en París llegó con una calma distinta.
La noche anterior había sido demasiado hermosa.
Demasiado ligera.
Y quizás por eso, cuando Edith abrió los ojos, tardó unos segundos en recordar que aún seguían en Francia y que todavía quedaban asuntos por resolver.
Aunque esta vez...
Aquellos asuntos ya no parecían una guerra.
Sentada frente al espejo, acomodó suavemente su cabello mientras soltaba un pequeño suspiro.
Porque, por extraño que pareciera, estaba nerviosa.
Y aquello la hi