Cap. 129: El amor no tiene edad.
Epílogo.
El sol brillaba con intensidad en el cielo despejado, iluminando el extenso jardín de la casa de Verónica y Alexander. El aire estaba impregnado del aroma dulce del pastel, del sonido de las risas infantiles y de los murmullos cariñosos de los adultos.
Hoy era un día especial.
Benjamín cumplía cinco años.
El jardín estaba decorado con globos de colores y una gran pancarta que decía "¡Feliz cumpleaños, Benji!" en letras vibrantes. Una larga mesa repleta de dulces y un pastel enorme ocupaba el centro, pero el cumpleañero no estaba donde debía.
—¿Dónde se metió ese pequeño torbellino? —murmuró Emily, con las manos en la cintura y los ojos recorriendo el jardín.
Benjamín, con su cabello rubio despeinado y su sonrisa traviesa, corría descalzo por el césped, perseguido por sus primos, Juan Emilio y María Emilia, que con sus siete años se creían los dueños del mundo.
—¡Emily no nos atrapa, Emily no nos atrapa! —canturreó Benjamín, agitando los brazos.
—¡Benji, ven aquí! ¡Tienes que