Cap. 126: El amor no tiene edad.
Cap. 44: Las alarmas se encienden.
El tiempo en la UCIN parecía moverse diferente. Un día duraba una eternidad y, al mismo tiempo, se desvanecía en un parpadeo. Para Verónica, cada segundo era una mezcla de amor y terror.
Su hijo estaba allí, en la incubadora, luchando con cada respiro. Tan pequeño. Tan frágil.
Cada vez que uno de los monitores emitía un pitido diferente, su corazón se detenía un instante. Y cuando uno de los médicos entraba con una expresión distinta, sentía que el suelo se hundía bajo sus pies.
Pero no estaba sola.
Stella se mantenía firme a su lado, como una sombra protectora.
—Tienes que comer algo —insistió.
Verónica negó con la cabeza, sin apartar la vista de Benjamín.
—No tengo hambre.
Stella suspiró y se sentó junto a ella.
—Lo mismo decías cuando mis padres murieron y te negabas a dormir. —Su voz fue más suave, como un susurro de recuerdos.
Verónica desvió la mirada.
—Eso fue diferente.
—No lo es. —Stella le apretó la mano—. Aquella vez fuiste tú quien me sa