En algún punto de Asia, lejos de las ciudades donde las luces de los edificios jamás parecían apagarse, existía una instalación que no aparecía en ningún mapa convencional. La enorme propiedad estaba rodeada por muros de concreto, cámaras de vigilancia y hombres armados que permanecían apostados en puntos estratégicos, mientras varios vehículos negros descansaban frente a las construcciones principales. Nadie podía acercarse sin autorización y nadie que no perteneciera a aquel círculo conocía r