La mañana siguiente amaneció sorprendentemente tranquila sobre la residencia King. Los primeros rayos del sol atravesaban los enormes ventanales de la cocina mientras el aroma del café recién preparado comenzaba a extenderse por toda la casa. Hacía mucho tiempo que Elena no entraba personalmente en aquella cocina. Durante años había dejado aquellas tareas en manos del servicio porque Margaret insistía en que una señora de la familia King no debía ocuparse de labores domésticas. Sin embargo, aqu