Elena salió lentamente de la habitación de Lily después de permanecer varios minutos a su lado, cerrando la puerta con extremo cuidado para no alterar el descanso de su hija. Había secado las lágrimas antes de salir, pero sus ojos todavía conservaban aquella humedad que delataba la angustia de una madre que acababa de ver a su pequeña herida. Sin embargo, su postura había vuelto a recuperar la elegancia habitual, los hombros permanecían firmes y su expresión era serena, porque podía estar destr