Elena llegó a la clínica con el corazón desbocado y una angustia que parecía crecer con cada paso que daba por aquel largo corredor blanco. Apenas cruzó las puertas de urgencias comenzó a buscar desesperadamente entre las personas que permanecían allí hasta encontrar a Sebastian, quien estaba de pie frente a las puertas de la zona de atención, con el rostro pálido, la camisa ligeramente desordenada y una expresión que Elena jamás había visto en él. Durante unos segundos ninguno de los dos habló