-Si eso fuera posible, más de una ya lo habría logrado.
¿Cree que me afectan sus comentarios?
¿Cree que saldré corriendo por esa puerta y lloraré mares porque a usted le ofende mi apariencia o porque usted cree que soy indigna de mi esposo?
No sea ridícula, eso no va a pasar.
Estoy tan acostumbrada a esos comentarios que, si quiere hacerme sentir mal va a tener que cambiar de método, si quiere que yo abandone a mi esposo, busque otra manera porque esta no lo es, se lo aseguro.
Y sabe qué, créame, aquí como me ve, Adam disfruta mucho de hacer el amor con este cuerpo grasiento.
Dije lo último apretando mis pechos, se ve vulgar, lo sé, pero era necesario.
-Ja, por...
-No he terminado, señorita Gen.
Si usted cree que es lo suficientemente digna como para merecer estar junto a mi esposo, entonces demuéstrelo, pero no se tarde porque sabe...
La fila de mujeres que piensan igual que usted es muy larga y tal vez le toque el lugar número treinta o el cincuenta.
De todas maneras señor