Adam me besó y me rendí, por supuesto, como ya era costumbre.
¿Cómo no hacerlo?
No es que me deje impresionar con los buenos tratos de un hombre, pero a pesar de haber sido bien tratada siempre por mis exes, la verdad es que Adam me hace sentir especial, no permite que la gente me insulte y siempre intenta compensar los malos momentos que otros me hacen pasar.
Nunca nadie me había traído a su playa privada sólo para que me sintiera a gusto y creo que jamás había sonreído tanto.
A pesar de que me avergonzaba que me viera en ropa interior, acepté entrar al agua sin mi vestido, nadamos por unas horas y cuando comencé a sentir frío le pedí que volviéramos a su hermosa casa.
Salimos del agua y fue directo a recoger nuestra ropa, mientras se agachaba pude observar con detenimiento y concentración su cuerpo perfectamente ejercitado, sus músculos marcados sin necesidad de exagerar, sus glúteos firmes y bien proporcionados, sus muslos y piernas igual, su espalda definida y...
Me estaba mo