Mientras que Elena irradiaba enojo, Austin se mantuvo firme en el centro de la oficina de presidencia, con los puños cerrados a los costados y la mandíbula tan tensa que una pequeña línea de tensión se dibujaba en sus mejillas.
No iba a permitir más palabras incoherentes ni deseos vagos por parte de Elena, mucho menos escenas patéticas frente a Harper.
Austin miró fijamente a Elena, sus ojos estaban consumidos por el odio, el colapso de aquella figura que aparentaba estar a la altura, lo único