Austin soltó un suspiro pesado, acomodó el cuello de su camisa y, sin emitir ningún reproche en voz alta, asintió de mala manera.
—Preparate, no podemos dejar plantados a los nuevos inversionistas —ordenó, recuperando su postura de CEO implacable.
El trayecto hacia el lugar del encuentro fue un reflejo de la distancia insalvable que se había cavado entre ambos.
En el asiento trasero, Harper miraba fijamente hacia la ventanilla, procesando el desprecio con el que Austin había respondido a su ag