Austin apretó el volante con tanta fuerza que sus nudillos se tornaron blancos, mientras el motor del deportivo rugía por la autopista como un reflejo de la furia que le quemaba el pecho.
A unos cuantos minutos alcanzó el auto donde se encontró a Harper, por la ventana con la mano le hizo una seña que se detuviera, una que fue más una orden.
Harper lentamente detuvo el auto, se orilló a un costado de la carretera, Austin detuvo el auto justo detrás del suyo, una vez que descendió a largas zan