La oscuridad de la habitación parecía cerrarse sobre Melisa como una trampa mortal, la luz de la luna se filtraba a través de las pequeñas ventanas, pero solo servía para iluminar la desesperación que se reflejaba en su rostro, estaba sola, estaba tras las líneas enemigas, estaba en el mismo lugar donde tiempo atrás había dejado a Andrea.
— Andrea por favor, tu no eres así. – dijo con la voz estrangulada, y su examiga solo la vio con una ceja en alto.
— ¿No lo soy? — indago con despreocupación.