El amanecer llegó con una luz suave que apenas se filtraba por las persianas del hospital, tiñendo la habitación de tonos cálidos que contrastaban con el frío blanco de las paredes. Era un nuevo día, pero no uno cualquiera. Había algo distinto en el aire… algo que parecía prometer que, después de tanta oscuridad, finalmente había llegado un momento de calma.
Dentro de la habitación de recuperación, el sonido constante de los monitores marcaba el ritmo de la vida con una precisión casi sagrada.