María mantenía la mirada fija en las niñas mientras movían las piezas del ajedrez con esa seguridad impropia de su edad. Sus manos temblaron levemente y las llevó hasta su pecho como si necesitara asegurarse de que su corazón seguía latiendo con normalidad, aunque la verdad era que latía demasiado rápido.
—Esto no puede estar pasando”, murmuró casi sin voz, apenas un hilo de aire escapando entre sus labios, “no después de tantos años… no ahora.
Abigail levantó la vista y preguntó con inoc