Ailen no necesitó pruebas formales.
No necesitó fotografías.
No necesitó confirmaciones directas.
Lo supo.
Lo sintió.
La manera en que Alexander no respondió sus llamadas.
La ausencia.
La maldita ausencia. Él no regreso anoche.
Caminó por el pasillo con el mentón en alto, pero sus dedos estaban helados.
Cuando cruzó el lobby, escuchó dos voces murmurar detrás del mostrador.
—El señor Lacrontte no regresó a su habitación anoche…
—Estuvo en el ala privada, lo han visto en fre