El trayecto desde el hospital hasta la casa donde vivían las niñas se sintió más largo de lo que realmente era.
El vehículo avanzaba por las calles tranquilas de Jeju, rodeadas de una serenidad que contrastaba brutalmente con la tormenta que se agitaba en el interior de Alexander Lacrontte. Afuera, el mundo seguía su curso con normalidad: personas caminando, luces encendiéndose poco a poco con la caída de la tarde, el murmullo lejano del mar. Pero dentro de aquel automóvil… el aire era denso,