El amanecer apenas despuntaba sobre la ciudad cuando la mansión aún se encontraba envuelta en una calma engañosa. Alexander ya se había marchado hacía más de una hora, como solía hacerlo cuando los asuntos de la empresa reclamaban su atención absoluta. El sonido distante del motor de su automóvil había sido lo último que rompió el silencio de la madrugada antes de que la casa quedara en manos de quienes permanecían.
En el comedor principal, la luz del sol comenzaba a filtrarse tímidamente a tra